La crisis del coronavirus se verá reflejada no sólo a corto plazo, sino que sus consecuencias económicas perdurarán en el tiempo. Aquí las evidencias:
- El PIB real de las principales economías desarrolladas podría ser entre un 2% y un 5% menor en 2030 en comparación con el nivel al que podría haber llegado en un escenario sin pandemia de COVID-19. Así lo prevén las estimaciones publicadas este lunes por IHS Markit.
- También se prevén daños en la inversión empresarial, ya que se han elevado los niveles de deudas de las empresas y también las quiebras. Sin embargo, como efecto positivo se cree que a raíz de la pandemia se incrementarán las inversiones en robótica para sustituir mano de obra por capital.
- La ruptura de las cadenas de suministro mundiales y la desaceleración de la globalización obstaculizarán la productividad. Esto afectará en gran medida a la industria manufacturera. Sin embargo, a largo plazo podría ser la aceleración de la digitalización la que mejore esta tendencia. En el largo plazo parece que los países van a tender a la desglobalización, y eso será consecuencia de que la disrupción en las cadenas de producción ha llevado a muchos a pensar que tener las cadenas de distribución extendidas a tantos países genera un riesgo. Este impacto en la globalización sería negativa para todo el mundo, especialmente para llos países en vías de desarrollo.
- La legitimidad de la Unión Europea se sigue debilitando. La Unión Europea ha recibido un golpe durísimo:
- Cada país ha adoptado su propia estrategia y no han seguido protocolos de contabilización homogéneos.
- Lo primero que han hecho los países de la Unión Europea ha sido cerrar fronteras los unos a los otros.
- Además, existe una resistencia a la mutualización de la deuda y un apoyo presupuestario muy bajo. Todo esto hace que su legitimidad se siga debilitando.




